HERPES ZOSTER: CAUSAS, RIESGOS Y LA IMPORTANCIA DE VACUNARTE
El herpes zóster (HZ) es una enfermedad común; hasta 1 de cada 3 personas puede padecerlo a lo largo de su vida. Es una manifestación neurocutánea de la reactivación oportunista del virus de la varicela zóster, que permanece latente en los ganglios craneales (conjunto de cuerpos de neuronas que forman parte de un nervio) o en la raíz dorsal (haz de fibras nerviosas que transmiten información sensorial desde la periferia del cuerpo hacia la médula espinal). El 90% de las personas adultas ha sido infectado por el virus de la varicela y, por lo tanto, podría desarrollar herpes zóster.
El principal factor de riesgo es la edad; la incidencia se incrementa después de los 50 años. Otros factores predisponentes son padecer enfermedades que alteren el sistema inmune, como enfermedades autoinmunes, cáncer, SIDA, diabetes mellitus, EPOC, asma, COVID-19, entre otras.
El síntoma principal del HZ es el dolor intenso, acompañado del clásico eritema con pápulas y vesículas, unilateral, que no atraviesa la línea media y que suele resolverse en un mes en promedio. Sin embargo, pueden presentarse formas atípicas, como dolor sin lesiones en la piel (herpete) o afección bilateral.
La complicación más frecuente es la neuralgia posherpética, que afecta del 5 al 30% de los pacientes. Se caracteriza por dolor en el área afectada con duración mayor a 3 meses. Su tratamiento es complejo y tiene limitaciones, lo que incrementa la demanda de recursos sanitarios y de gastos directos e indirectos. Otras complicaciones incluyen la afección de los ojos, del oído y del sistema nervioso central, con encefalitis (inflamación del cerebro), convulsiones y daño importante en el cerebro.
El tratamiento de la infección aguda se basa en antivirales, que aceleran la resolución de las lesiones cutáneas, disminuyen la formación de nuevas lesiones, reducen la diseminación viral y atenúan la severidad del dolor. Tu médico elegirá el antiviral de acuerdo con la gravedad del cuadro, la necesidad o no de tratamiento intravenoso, la comodidad de la dosificación y la mayor actividad antiviral. Es importante iniciar el tratamiento dentro de las 72 horas siguientes a la aparición de las lesiones.
Además de antivirales, se utilizan, bajo estricta supervisión médica, glucocorticoides, que reducen la intensidad del dolor, aceleran la curación y favorecen la reincorporación del paciente a sus actividades cotidianas. No deben administrarse sin terapia antiviral concomitante. El tercer componente del tratamiento son los medicamentos para el dolor (95% de los pacientes lo padecen), como analgésicos potentes y neuromoduladores (gabapentina, pregabalina, antidepresivos), que requieren supervisión médica.
La vacunación está indicada para prevenir la reactivación del virus latente. Es la única terapia aprobada para prevenir la enfermedad y sus complicaciones. La vacuna actualmente recomendada es la recombinante contra el HZ, que induce una respuesta inmunitaria poderosa y sostenida. Se recomienda a partir de los 50 años y tiene una eficacia del 97.2%. La vacunación posterior a una infección aguda se indica inmediatamente después de la curación de las lesiones en la piel y puede coadministrarse de manera segura, en un sitio anatómico diferente, junto con otras vacunas (influenza, COVID-19, neumococo).
DR. JAVIER BENJAMÍN ZATARAIN GUERRERO
Médico Internista con Subespecialidad en Medicina Crítica y Terapia Intensiva.
Certificado por los consejos de Medicina Interna y Medicina Crítica.
Dirección: Unidad de Cuidados Intensivos, Hospital Almater
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